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YimmiApril 05 LacrasLacras
¡Malditos! Basura humana, errores de la creación. Este tipo de criminales son los que le tumban a uno las ilusiones y la fe en la humanidad. ¿Qué son una minoría? ¿Y por qué no los exterminamos ya? Ah no, pero entonces salta la iglesia y los grupos defensores de los derechos humanos a defender la “dignidad” de estas ratas. ¡Dignidad mis pelotas! ¿Acaso no pasa por tu mente que estos podridos merecen una pena de muerte? ¿Acaso te parece que 30 años de cárcel es suficiente para castigar a alguien capaz de empuñar y disparar un arma en contra de unos niños?, uno de ellos enfermo. Lo siento, quiero ser duro. Hoy me permito decir una sarta de barbaridades que seguramente muchos critiquen y que quizá yo mismo luego de leerlo con más calma me reproche. Que se mueran esos hijos de puta que son capaces de arrancarle la vida a un ser que apenas comienza a vivirla. Que sufran el peor de los castigos esta escoria que no tiene piedad frente a la vida. Ayer en la tarde leí en una página Web que habían encontrado el cadáver de un bebé de meses que había sido secuestrado en España. Los asesinos lo mataron a los pocos minutos de secuestrarlo porque “lloraba mucho”. ¡Malditos! Y uno de los secuestradores es padre. ¡Sucio! Hace más de una década, siendo un niño, viví de cerca el secuestro de otro niño de mi edad en La Vega, otro secuestro que terminó en muerte y que sirvió para que los medios crearan al famoso “Mounstro de La Vega”. El Mounstro de La Vega vive, preso, pero vive. Su víctima no. Y ese episodio quedó en el olvido. Mediocres seres humanos tenemos en esta sociedad que olvida a la vuelta de la esquina o el próximo sábado frente a la pantalla de su televisor viendo “La Guerra de los Sexos” que pocos días atrás encontraron los cuerpos sin vida de tres infantes y un adulto, agarrados de la mano y con una bala en la cabeza. ¡Malditos! Boto a la basura los libros de filosofía y de ética, porque de pana no sirven para nada. Porque mientras los estúpidos moralistas están pendientes de si me desnudé o no frente a Spencer Tunick, no se dan cuenta que en sus narices hay gente podrida, sin vida, sin alma y que se encargan de joderle la vida a los demás. Que se lleven a los culpables al Rodeo y que los presos los violen repetidamente, que los custodios y la Guardia Nacional los golpee hasta dejarlos morados. No es suficiente, estaría lejos de ser jodidamente suficiente. Hoy fueron los hermanos Faddoul, ayer fue Sindoni. Y detrás de ellos, miles de anónimos que son secuestrados, asesinados, violados mientras el resto perdemos el tiempo discutiendo si la octava estrella es conveniente o si el caballo del escudo debe mirar para tal o cual lado. ¡Imbéciles! Sodoma y Gomorra no sobrevivieron a la furia de la naturaleza (o a la de Dios, ustedes escogen). Nosotros vamos por ese mismo camino, nos lo estamos mereciendo. Tú que eres padre, se que me comprendes. Dios te cuide hija.
Yimmi Castillo March 22 Be nakedEl domingo 19 de marzo, la ciudad se desnudó, la avenida Bolívar se llenó de gente, esta vez sin banderas ni afiches, sin franelas rojas ni negras… simplemente, sin ropa. Spencer Tunick retrató la variopinta diversidad de la belleza criolla en una sesión fotográfica que quedará para la posteridad. Yo estuve ahí… y tu? “Chamo, ¿viste la vaina?, decía la pantalla del Messenger precedida por el aviso de Carlos says:… Mis ojos no podían creer lo que veían, ¿realmente somos tan importantes como para que este pana Niuyorkino se interese en nosotros? Entonces leí una nota de prensa donde se hablaba de cierta cantidad de dinero que cancelaría el gobierno a Spencer Tunick por tomar fotos de las nalgas criollas en el marco del Foro Social Mundial. La cita se pospuso, pero no importaba, ya estaba inscrito en la página. Y aunque no pude convencer a mi esposa de desnudarse conmigo frente a otras 1500 personas, si pude estimular los ánimos de un compañero de clases y de mi siempre protegida Gizeht. De vez en cuando llegaban informaciones del Museo de Arte Contemporáneo (Ex Sofía Ímber), a mi correo. Uno de ellos daba ya la fecha tentativa, fecha que concordaba con la celebración del cumpleaños de mi hija. “Ya no voy”, pensé. Sin embargo, la fecha definitiva fue excelente, la hora si que traía problemas. Luego de mover algunos contactos y cuadrar con los compañeros de la aventura, amanecí en Caracas. Temprano en la mañana, las cobijas no querían despegarse del cuerpo, sin embargo, las ganas de formar parte de un hecho histórico fueron más fuertes. Aún con las legañas pegadas y un dolor de cabeza de ratón somnoliento, tomamos el taxi hasta el punto de encuentro. Ese sitio que según Tunick inspira caos y belleza al mismo tiempo. Uno de mis compañeros no logró la meta final, nunca respondió el celular y no supimos más de él. Sólo éramos dos ahora, rodeados de un montón de gente ansiosa. Llegaban en grupos, en parejas, del interior. Mujeres embarazadas, un pana en silla de ruedas, señores de la tercera edad, señoras descopetadas, jóvenes por montón y hasta un pana enfluxado. Uno de los presentes no tuvo paciencia y se quitó toda la ropa, “Esto es así señores” y luego de desatar una pequeña algarabía, nada más pasó. Muy cómico ver un guardia nacional justo al lado del nudista prematuro tratando de desviar la mirada al otro lado sin perder la compostura. “En otro momento le daría un peinillazo y pa’ la jaula”, pensaría el GN. Tratamos de no pensar mucho en lo que nos esperaba, sin embargo, estudiamos el papelito que nos dieron en la entrada, donde se describían las posiciones que generalmente ordena Tunick y decidíamos cual nos gustaba más. Las ruinas de uno de los elefantes blancos que adornan la ciudad daban cierta sensación tenebrosa y alucinante. Era como estar dentro de una película de guerra o de suspenso. Tratando de vencer el sueño, seguimos conversando de cosas banales y profundas. Los lazos se estrechan más en ambientes así, supuse que algo así se vivía en las comunas Hippies de los años 60. Aproximadamente a las 6:30 a.m. Tunick hizo acto de aparición. Tres grandes escaleras de metal mostraban a tres personas con megáfono en mano hablando a la multitud. Tunick en el medio, y un traductor de lado y lado, daban las indicaciones preliminares: “No se rían durante la foto o se verán ridículos”, “no se quiten la ropa hasta que se les indique”, “no traigan prendas ni accesorios, si necesitan lentes para caminar, desaparézcanlos durante la toma”… “¿y donde nos los vamos a meter?” comentó un pana y desencadenó algunas risas de los que estábamos cerca. Minutos después llegó la orden… “¡desvístanse!”. Todos empezamos a despojarnos de todo cuanto forraba nuestra piel. La ropa se amontonó en el piso, las cadenas y celulares quedaron guardados en bolsos y bolsillos de chaquetas, el temor de perder alguna pertenencia, mezclado con la sensación del aire matutino encima de la piel desnuda, daban cierta adrenalina que fue convirtiéndose en calor, el frío ya no importaba y ya todo era color carne. Con los pies descalzos, no pasó mucho para darnos cuenta que los bomberos no limpiaron muy bien el piso como nos habían dicho. Las ganas de orinar se multiplicaron pero ya no había chance de ir al baño. Todos directo a la Avenida Bolívar, cercada y solitaria. Solo estaban los ayudantes del fotógrafo, las escaleras vacías, los leones de la avenida y Bolívar mirando desde lo alto con una ceja levantada, ¿fue así, o fue una ilusión óptica? Tunick apareció en una gran escalera encima en la parte de arriba y detrás de Bolívar. Desde allí hacía proesas para que sus colaboradores entendieran lo que quería. Uno de ellos se volvió famoso: Steve… quien iba de un lado a otro corriendo por toda la instalación sin que pudiéramos entender por qué corría. Me parece que estos panas aprendieron inglés en un curso gratis de los que te ofrecen en los centros comerciales… en fin. Luego de varios “fuck”, el fotógrafo decidió bajar. Mientras, ya nosotros abajo estábamos un poco impacientes con las posiciones eclesiásticas que interpretaban los ayudantes de Tunick (Arrodíllense, párense, siéntense). Una vez que Tunick bajó y comenzó a dar las instrucciones personalmente, la cosa mejoró. Mientras tanto, periodistas y policías adornaban la parte de arriba de la instalación. Luego de varios llamados de atención, los mismos fueron alejados, no sin antes hacerles llegar una invitación a viva voz de parte de los nudistas de dejar el buceo y quitarse la ropa. Frente a frente, agachados en el piso, acostados en la grama, en los alrededores de Bolívar y sin tapar a los leones. Luego en la parte de arriba, la mitad de espalda y la otra mitad en forma de V en posición fetal, fueron algunas de las posiciones que ensayó Tunick y de las cuales seleccionó tres. Las fotos fueron tomadas, ya no había frío, ya no había pena, hacía mucho que había desaparecido. Aplausos iban y venían a la espontaneidad venezolana: unas chicas decidieron en algún momento salirse del grupo y modelar sus atributos, el pana en silla de ruedas fue colocado en el centro de una de las composiciones del fotógrafo, un anciano fue felicitado por Tunick quién pidió un aplauso por su presencia y mi compañera disfrutó de un saludo cercano del fotógrafo. Los roces de piel eran inevitables, el pudor estaba presente pero dormido, no habían miradas lascivas que no fueran las de los uniformados. Steve, seguía corriendo de un lado a otro. Finalmente, Spencer Tunick dio por concluida la sesión, aplausos y agradecimientos a Venezuela y luego a calmar las ansias de la prensa. Nos dispusimos a ponernos de nuevo nuestras ropas con el placer de ver que todo seguía en su sitio. El hambre comenzaba a hacer de las suyas y decidimos ir a comer algo. Al salir, luego que los cuerpos de seguridad nos dieron el permiso, vimos como el argentino del programa Qué Locura de Venevisión, se aprovechaba de los tragos de más de uno de los nudistas para invitarlo a desnudarse de nuevo ante la cámara… lástima. Caminábamos callados, la sensación extraña de dejar de estar en un mundo perfecto para enfrentar una Avenida Lecuna repleta de mendigos, borrachos amanecidos en son de pelea y mucha basura… ¿del paraíso al infierno? En fin, solo después de superar ese trance, y volviendo a recapitular lo realizado, fue cuando exclamamos: ¡Que arrecho, estábamos desnudos en el centro de Caracas! Lo hicimos, pasamos a la historia, vivimos una experiencia muy agradable, y lo mejor de todo, nos dimos cuenta que cuando nos despojamos de lo material y solo queda la piel y el alma, la tolerancia se abre paso, la armonía reina y se respira una aire de paz. Gracias Tunick. Espero las fotos y la exposición en el MAC-csi. Be naked. Yimmi Castillo November 03 Entrevista a José Mardelli (...y II)Entrevista a José Mardelli (...y II)
Puntos de vista
11 de Abril, 13 de Abril y El paro:
¿Cuál es su opinión acerca de todo lo que pasó en esta fecha desde el 11-A, incluyendo el 13-A y luego el paro del año 2002?
El paro fue una lucha política que se dio como se dio. Los líderes que lo manejaron, sabemos como lo manejaron. Sería llover sobre mojado hablar de eso. El gobierno tuvo la excusa luego del paro para achacarle todas las situaciones malas. En Petróleos de Venezuela había una ideología de libre mercado, globalización, personas educadas para ingresar al primer mundo. Dejan 20 mil desempleados petroleros, y el gobierno viene con personas con una situación de la guerrilla de los 60. Y hubo un choque ideológico. Y por eso la medida final del paro es despedir 20 mil venezolanos de la industria que tenían el know how de la primera empresa petrolera del mundo. ¿A quien le haces daño? ¿A los 20 mil o al país completo? En cuanto al 11-A, eso fue el mismo proceso de choque ideológico. La segregación ejecutada por el gobierno llevó a muchas personas a tomar participación política, por eso las marchas multitudinarias, por eso las personas que no tienen que ver con política empiezan a participar en política como es mi caso, porque el choque ideológico nos pega a todos. Fue una reacción de la sociedad de decir “Estoy aquí y me tienes que oír” Hubo falsos líderes que la llevaron a un sendero donde no tenían que llevarla, tanto en lo militar como en lo empresarial, y fíjate que lo político no estuvo presente, y ese fue el drama del 11-A: Se quiso sacar lo político cuando era una acción política. Para mi, los militares decidieron algo, los que ellos escogieron para manejar la situación no lo hicieron bien y ellos retoman el control, traen de nuevo a Chávez. Para mí ese día fue un militarismo sin la figura de Chávez. Lo vuelven a traer y él siguió mandando.
Hubo imágenes por TV del alcalde de Chacao arrestando al ex ministro de interior y justicia, o la manifestación en la embajada de Cuba, que tuvo a políticos dando la cara ante las cámaras. La presión que hubo luego del decreto Carmona fue hecha por políticos en los medios. ¿Qué opina usted de ese juego en la parte política, sobre todo de partidos como Primero Justicia, en esos días del 11-A?
En ese momento yo no pertenecía a PJ. No se que juego político pudo haber habido ahí. No lo tengo claro. No se que habrá pensado Capriles Radonsky o Leopoldo, eso se lo tendrías que preguntar a ellos. Yo no estaba ahí, era un venezolano más viendo todo por TV como lo viste tú. Ahora, lo que yo veo es que pudo haber habido excesos, aunque eso les correspondería a otras personas señalarlo. Esos fueron días de confusión. Y la multitud estaba enardecida, habría que ver cuales eran sus deberes como alcaldes.
El Referéndum Revocatorio:
¿Hubo o no fraude?
Yo creo que si hubo fraude, de muchísimas maneras. A lo mejor el fraude no estaba en las máquinas. Estaba el REP, estuvieron las misiones en boga y la gente se plegó a una política que tenía éxito en esa oportunidad. No hubo conteo de papeletas, el acto electoral no fue público. Un grupo de gente quiso decir que por ahí no es la cosa y que había que revocar. Es una etapa que se tiene que superar.
La oposición obtuvo unos cuatro millones de votantes por el Sí. En otras elecciones, no han llegado a votar 4 millones de personas. ¿Qué opina usted de la vía que tomó la oposición de gritar fraude si dar mayor opción a su gente?
La gente esperaba una acción política La gente no quería calle. La población identificó que habían falsos líderes y le están pasando factura, y en eso hasta me incluyo yo. Todos los políticos fueron culpables, pero de repente también la sociedad fue culpable, porque esperaron que le dijeran ¡sal! Y no había que esperar indicaciones de nadie para salir. Al día siguiente, la calle te decía algo. Cuando no festeja el Chavismo y la oposición está derrotada, significa que la sociedad tiene un drama que va más allá de una elección. No hay identificación de que es lo que se quiere como país. Yo creo que aquí habrá un reencuentro más adelante que ya se está gestando. El régimen… o el gobierno, lo sabe. Y tratará de mantener el dominio de las instituciones para que la gente no se manifieste como se ha manifestado desde el “caracazo” para acá.
Piense rápido candidato:
Política: Instituciones. Socialismo: Atraso. Comunismo: Destrucción. Neoliberalismo: Dinero. Capitalismo: Sistema. Partidos Políticos: Instituciones otra vez. MVR: (Silencio largo) Pasajero. Primero Justicia: Construcción. Chávez: Bochinche. Misiones: Paliativos. Asamblea Nacional: (Silencio largo) Asamblea nacional… visión de país. Cuba: Pobre pueblo. Estados Unidos: País guerrero. Venezuela: Posibilidades de país grande. Entrevista a José MardelliENTREVISTA: José Mardelli. Candidato a Diputado suplente a la Asamblea Nacional. “En la política se está dando un cambio generacional”
José Mardelli, candidato a diputado suplente a la AN por el partido Primero Justicia, nos recibió en las oficinas de su empresa textilera. Habló de sus proyectos, recalcó que Primero Justicia no es un partido “elitesco” y opinó sobre la política del país.
Por: Yimmi Castillo
La oficina donde toma las decisiones de su empresa en la zona industrial de La Yaguara, fue el punto de encuentro para la tertulia. Entre retazos de telas y publicidad de su marca, Mardelli habló de sus cuatro años de actividad política que ahora lo llevan a ser candidato a la Asamblea Nacional. Varias veces fuimos interrumpidos por sus empleados quienes buscaban la aprobación de su jefe: “Este color de tela, con este otro…” Un poco tímido al principio, Mardelli, de 37 años y del signo Cáncer, advirtió al final: “Espero hagas buen uso de esta entrevista”.
¿Cómo empezó su carrera política?
Mi carrera política empezó diez días después de los problemas del 2002. Yo analicé la situación del país y vi que hacía falta que, gente no involucrada en política, se metiera en política. Llegué a Primero Justicia, y me abrieron las puertas. Soy miembro de la dirección parroquial de Primero Justicia Caracas. Ayudé a construir un equipo de trabajo en el oeste de la capital que es el sector de La Vega, Montalbán… He trabajado en todos los procesos políticos del 2002 para acá. Firmas, reafirmazo, revocatorio… todo ese tipo de actividad política.
¿Dónde reside usted?
En el Paraíso.
Antes de incorporarse a la carrera política, ¿a que se dedicaba?
Me dedicaba al comercio textil Trabajaba en el área de ropa, confección. Sigo trabajando en ello. Hace quince años desarrollé una marca juvenil que tiene ya doce años de existencia a nivel nacional.
¿El paro del 2002 afectó su empresa?
Como a todo el país. Aquí paramos. Eso fue una política en la que algunos estuvieron de acuerdo, otros no. Pero eso es pasado y uno no gobierna su pasado.
Pero ese pasado nos ha traído hasta acá, ¿no?
Si. Nos ha traído hasta acá, pero cada fecha tiene su historia.
¿Cuál es su opinión sobre el panorama de polarización política que tenemos actualmente?
La polarización que existe, yo creo que se debe a un cambio generacional, mas que un cambio ideológico. La situación está dada por el hecho de que un grupo de personas comenzaron a ejecutar un aniquilamiento político cuando los países no se construyen con destrucción sino con obras. Y ese proceso lo estamos viviendo. Ahora, el régimen… o el gobierno, no está excepto de tener en el sistema que ha implantado, vicios del pasado. Él (Chávez) quiso destruir algo, construyendo otra cosa sobre las mismas bases, y sobre esas mismas políticas que se usaban anteriormente. Si tú te pones a ver, el MVR se nutre de políticos, y los políticos que existían este país eran adecos, copeyanos, masistas, pecevistas o de Bandera Roja. Si tú te nutres de esa materia prima, tienes una amalgama de cosas que a lo mejor no es lo más recomendable. Lo que usted me indica me lleva a dos preguntas: Usted habla de un cambio generacional más que de ideología. ¿Piensa que los partidos políticos de hoy en día tienen ideologías definidas?
No las tienen, están en construcción. El escenario político venezolano no está lleno de muchos partidos nuevos. El único partido nuevo que tiene fortaleza en este momento es Primero Justicia. Hay partidos del pasado que tuvieron bastante fortaleza y ya no la tienen. Pero es una definición de lo que queremos ser. Es un proceso que hay que construir día a día.
¿La ideología es importante para la base de un partido?
No tanto ideología. Es la forma como te enfrentas a la globalización. Como te adaptas al sistema económico o político mundial. O luchas en contra, o tratas de ver donde están las ventajas y desventajas del sistema. Venezuela está transitando por un sistema que va en retroceso de lo que hay a nivel mundial.
La otra pregunta sería: Usted indica que el partido de gobierno está nutrido de políticos que vienen del pasado. Sin embargo, Primero Justicia tiene dirigentes y ex miembros de partidos tradicionales como AD y COPEI. ¿El pasado siempre lo tendremos en el presente?
¡Claro! Es que tú te vas a nutrir de las personas que trabajaron política. No vas a fundar algo sin que haya experiencia. Pero tiene que haber una organización que drene lo que es bueno y lo que es malo. A lo mejor en mi partido hay cosas y personas que no deberían estar ahí, pero las oportunidades que tienen las personas dentro de una organización para surgir dentro de ellas es lo que marca la diferencia.
A lo mejor en mi partido hay cosas y personas que no deberían estar ahí, pero las oportunidades que tienen las personas dentro de una organización para surgir dentro de ellas es lo que marca la diferencia.
¿Existe alguna diferencia entre la polarización que existe hoy en día, que es básicamente gobierno – oposición, y la que existía antes que era AD – COPEI?
(Silencio largo)
Yo creo que hay grupos de personas que no son ni oposición ni chavismo, son venezolanos como tal y están ahí esperando quién tiene la mejor oferta electoral o de país. Ni el Chavismo ni la Oposición nos hemos conectado con esas personas. Por esa misma disyuntiva del padre que le va a dejar la empresa a su hijo y tiene el temor de dejársela. Yo creo que la sociedad venezolana está temerosa de dejarle a las nuevas generaciones los procesos de cambios que tiene que vivir. Por eso tu puedes oír que Primero Justicia “es bueno, pero le falta experiencia”. Pero nunca vamos a tener experiencia si no actuamos. Eso es un dilema que la sociedad venezolana no termina de superar. El mismo hecho de que haya dos vertientes sobre como luchar políticamente significa que no existe la claridad de un norte. Y eso lo dibuja el hecho de que la sociedad tuna idea de cómo es la democracia pero no sabe a ciencia cierta como son los mecanismos para que esa democracia funcione. Si no tienes instituciones fuertes, no tienes una democracia fuerte. Venezuela no tiene instituciones fuertes, por lo tanto no tiene una democracia fuerte. La mayoría de la población quiere una democracia fuerte, pero el gobierno lo hace destruyendo las instituciones que existen. El sistema democrático te indica que tienes que elegir unas instituciones para que ejerzan el liderazgo para el que fueron electas. Si destruyes una institución que se llama partidos políticos, y no solo destruyes la institución sin los hombres que la conforman, estas destruyendo algo que no deberías destruir. Entonces la sociedad no entiende que las instituciones tienen que preservarse aunque la manejen hombres no dignos, y esa es la lucha en la que andamos. Por ejemplo yo estoy creando una institución que se llama Primero Justicia. Si la sociedad no entiende que hay que fortalecer a los partidos políticos para que estos fortalezcan a la democracia, estamos empezando mal. Para llegar a una democracia, destruyendo a los partidos políticos, nunca vas a llegar. Estas destruyendo el sistema político que quieres habitar. Entonces si no sabes como es el manejo institucional, el que domina ciertas instituciones es quién controla. Por eso en este momento la institución con más popularidad es la iglesia, ya que se ha mantenido ajena a todo ese tema político que estamos viviendo. La gente la percibe como una institución fuerte, además que tiene un conglomerado mundial y ese conglomerado le da cierta solidez, por lo tanto la gente la percibe como una institución fuerte. Pero cuando te vas a las otras instituciones del país, todas están carcomidas, roídas, machacadas, vilipendiadas. Cuando la sociedad no tiene claro que es lo que quiere, hay personas que se aprovechan de eso. En todos los sectores.
Luego de las elecciones regionales, el oficialismo controla todas las gobernaciones menos dos. Ahora el TSJ ha dado legalidad temporal a las morochas. Basándonos en los estudios que indican que el oficialismo tendrá un panorama bastante bueno con este recurso para el dominio de la Asamblea Nacional. ¿Cuál es la esperanza de la oposición en ese aspecto?
Uno tiene que hacer el trabajo político para convencer a la gente a que vote por uno. ¿Que el chavismo tenga las tres cuartas partes? Eso lo va a decidir la población, eso no lo decide Chávez ni nosotros. Así como la oposición tiene su porcentaje de abstencionismo, el oficialismo también lo tiene. Esa ejecutoria de política la tiene la población que va a decidir lo que va a pasar el 4 de Diciembre. Y a lo mejor hay población desilusionada, gente que no está ni con el gobierno ni con la oposición y están en esa búsqueda, buscando identificarse con algo o con alguien. Puede que ese alguien sea yo, o no, pero eso lo va a determinar la gente.
Las decisiones de los candidatos finales, tanto de gobierno como de oposición, fueron decisiones de cúpulas partidistas. ¿No cree que ese tipo de decisiones alejen más aún a los partidos, oficialistas o de oposición de esa gente que no está definida sobre quién va a votar?
La unidad abrió un compás bastante amplio para que entraran presos políticos, independientes y nuevas generaciones como es mi caso, yo solo tengo cuatro años en política. En otras situaciones no estuviera aquí. Si Venezuela no hubiera vivido lo que ha vivido, yo no estuviera en esta posición, no creo que en cuatro años pudiera alguien lanzarse a diputado suplente, apoyado por tantas organizaciones tradicionales de 40 o 60 años en el país. Ha habido un cambio generacional, tal vez no nos hayamos dado cuenta. En nuestro circuito está Isa Dobles, ella fue abstencionista y ahora está en otra posición. Hay un variopinto bien interesante de gente que, buena o mala, están haciendo su labor. Yo creo que la oposición va por mejor camino. La unión no se da en las cúpulas, se da en las bases que vienen trabajando juntas desde el revocatorio para acá. Yo conozco a los adecos de mi sector, trabajaron conmigo, yo atendía un centro y ellos otros, les llevé la comida, agua. Los fui a buscar al centro y los llevé a su casa. Ahí es donde está la unidad, no en la cúpula. El cambio generacional se está dando, pero es un proceso lento porque no es violento, cuando tú trabajas la política vas caminando, no corriendo. El hecho que yo llegue a la AN significa que el poder político que yo pueda asumir después de ser electo no es el mismo que pueda asumir ahorita. Cuando tu pides que la gente vaya a un proceso electivo interno en los partidos y de la comunidad, se va a dar, porque los políticos de ahorita no son los de antes, yo no me formé en la generación que se formaron los políticos de hace 40 años. Mi forma de ver la política es otra, mi forma de actuar es otra.
En otras situaciones no estuviera aquí. Si Venezuela no hubiera vivido lo que ha vivido, yo no estuviera en esta posición, no creo que en cuatro años pudiera alguien lanzarse a diputado suplente, apoyado por tantas organizaciones tradicionales de 40 o 60 años en el país.
Primero Justicia es un partido que se ha formado bajo una imagen elitesca y usted va en representación de una zona con un alto porcentaje de barriadas como lo es La Vega. ¿Cómo va hacer, siendo usted representante de esa imagen de élite, para llegar a esa gente? Quienes están inclinados en su mayoría por el chavismo.
¿Elitesco? Yo no lo veo elitesco. Lo que si se puede decir es que su fundación es de miembros de la clase media, tampoco son de la oligarquía. Pero nosotros estamos en las 22 parroquias de Caracas. Tenemos dirigentes en todas las barriadas de Caracas. Yo no soy candidato como suplente a la AN porque no conozco el barrio. Yo conozco el barrio, tal vez no toda la población del barrio me conozca, pero los entes políticos del barrio me conocen, por lo menos los de la oposición. Se ha hecho un trabajo interesante de penetración política, para que la gente conozca el partido, sus integrantes, los ideales. Pero es un trabajo de día a día, no se puede construir de un día para otro.
¿Usted ha hecho campaña de calle?
Claro. Desde antes del revocatorio.
¿Qué zonas de La Vega ha visitado?
Todas las zonas de La Vega… San Miguel, Las Casitas, Las Torres, Los Mangos, Los Paraparos, La calle Zulia, El Carmen. Yo he estado en todos los barrios. Yo no estoy en esta posición porque soy elitesco, o soy de clase media. No vivo en el barrio pero me incorporo políticamente al sector. Hemos estado en estados adversos, antes del revocatorio era muy difícil hacer política. Tras las elecciones de las juntas parroquiales fue otra cosa. Caminamos sectores de La Vega. Nosotros fundamos Caracas en el 2002 y en La Vega estaba presente Primero Justicia. Hay dirigentes de PJ que son del barrio. PJ no sube al barrio, PJ es del barrio y eso marca una diferencia importante.
Primero Justicia no sube al barrio, Primero Justicia es del barrio y eso marca una diferencia importante.
El TSJ legalizó las morochas y dejó la decisión final a la futura Asamblea…
Se lavó las manos…
¿Cuál es su opinión sobre las morochas?
En el año 1999 se violó la constitución del 61. En ningún lado de aquella constitución se plantea el llamado a una constituyente. De allí parte la violación de los derechos civiles de los venezolanos. La sociedad estaba metida en un mar de cambios y la raíz de los cambios era Chávez. Pero Chávez en su afán de acelerar las cosas, se saltó procesos institucionales y de ahí viene el descalabro del país. Cuando legalizas una ilegalidad, obtienes ilegalmente las cosas. Eso es lo que pasa en este país. Las morochas son una ilegalidad que se funda en una ilegalidad anterior. Hay muchas personas que consideran incluso a este gobierno ilegalmente establecido, pero así se fueron dando las cosas. Son muchas arbitrariedades ilegales que se han montado: El nombramiento del CNE, del TSJ, las leyes orgánicas que no son orgánicas. Al final es un control sobre la sociedad lo que quiere el régimen… o el gobierno. Las morochas son una arbitrariedad, una violación de los derechos humanos de las minorías donde lo pongas. Si ya violaste ese derecho termínalo de legalizar, no busques subterfugios para hacer algo. Chávez quiere tener la mayoría ilegalmente y la oposición se pliega a esta posición porque cuando tienes un sistema ilegal, debes moverte en el sistema, por eso la unidad sacó morochas, pero al final es una ilegalidad.
¿Tiene alguna propuesta definida para llevar a la AN en caso de resultar ganador?
Varias. La más importante es sobre la seguridad social. Nosotros no tenemos seguridad social desde que llegó este gobierno. Aparte, el seguro social existente ha sido desmantelado y saqueado por este gobierno. Te explico: Los hospitales del seguro social, se han incorporado al sistema de salud de Chávez, allí va cualquiera, deberían ser los que cotizan quienes asistan allí. Por una parte. Por otra, la ley de pensiones te puede ofrecer el capital y el ahorro interno para desarrollar las industrias en el país. Esa es otra ley que puede plantearse. Buscar un sistema de pensión que sirva para tener un ahorro interno importante y ese mismo dinero destinarlo al desarrollo de las industrias del país, sea PDVSA, CVG, o cualquier otra empresa que cotice en la bolsa. Desarrollar un país con economía productiva como Chile, que tiene un sistema de pensiones mixto, empresa privada y empresa pública y tu decides cual es el ahorro y decides donde depositar. Es un ahorro con cuentas individuales, ves tu dinero y ves que está creciendo. Hay tantas cosas que se pueden hacer con solo cambiar ciertos paradigmas.
¿Cómo ve el futuro?
Para los venezolanos lo veo así: Sangre, sudor y lágrimas. Bien mal. Porque estamos repitiendo errores del pasado y todos sabemos lo que pasó con eso. Esta etapa se parece mucho al período de Lusinchi. El mismo subsidio que Chávez da al Mercal se lo daba Lusinchi directamente a los empresarios. Había como 3000 productos subsidiados por el estado. En aquella oportunidad favorecía a todo el mundo, en esta oportunidad tienes el Mercal y favorece solo a los que van al Mercal, pero es lo mismo. No digo que sea malo, lo malo es la organización de eso. A la gente le llegan los reales y hacen algo con eso. Pero ha perdido brillo porque la gente lo ve como un paliativo circunstancial hasta que llegue otra cosa. Ellos dan el chance, reciben el dinero para que el gobierno se acomode y luego le den empleo. Pero ya han pasado dos años, tengo los reales pero no tengo el empleo, y allí es donde se le está complicando la cosa al gobierno.
May 25 “METRO”-POLIS BAJO TIERRA: DONDE SIEMPRE HEMOS CABIDOAquí copio un reportaje de mi amigo Ricardo Andrade, compañero de clases en la UCV. Este reportaje ganó el 1º lugar en el concurso de Reportaje Impreso del último congreso de la Conferencia Venezolana de Comunicación Social (COVECOS) realizado hace pocos días en Margarita. Señores, grábense ese nombre. Ricardo Andrade va a dar mucho de que hablar en unos años.
Yimmi
“METRO”-POLIS BAJO TIERRA: DONDE SIEMPRE HEMOS CABIDO
Por Ricardo R. Andrade F. CI: 17.505.805 Estudiante de Cuarto Semestre de la Escuela de Comunicación Social Facultad de Humanidades y Educación Universidad Central de Venezuela
RESUMEN
El presente es un reportaje interpretativo y narrativo acerca del funcionamiento de un servicio de transporte público urbano (Metro de Caracas) y del comportamiento que los usuarios manifiestan en él. La pretensión de este trabajo periodístico es eminentemente informativa pero, al mismo tiempo, cumple una función catártica y reflexiva. Catártica, porque se vale de algunas dosis de humor para buscar deleitar al lector mediante un lenguaje literario ameno; y reflexiva, porque busca, ante todo, despertar en el venezolano un sentimiento, o al menos una sensación crítica, no tanto sobre los procesos conductuales de los venezolanos dentro y fuera del metro, sino del paralelismo de la mítica sociedad perfecta, plural y abierta que vive en el metro en confrontación con lo que hacemos –o con lo poco que hacemos- para experimentar eso mismo fuera de lo subterráneo. Periodismo y literatura fundidos para siempre, todos los sentidos abiertos y la fuente viva de las enriquecedoras lecciones reales que puede ofrecer una increíble mañana completa, de un día de semana, en un fascinante medio de transporte de una fascinante ciudad. Todo por la búsqueda de una respuesta, todo por la ideal “metro”-polis subterránea. “Él puede llegar a ser no sólo igual a la vida, sino más aún: mejor que la vida. Puede ser igual a un cuento o una novela con la única diferencia –sagrada e inviolable-, de que la novela y el cuento admiten la fantasía sin límites, pero el reportaje tiene que ser verdad hasta la última coma. Aunque nadie lo sepa o lo crea”. Gabriel García Márquez, acerca del reportaje
“METRO”-POLIS BAJO TIERRA: DONDE SIEMPRE HEMOS CABIDO
Las ciudades importantes son consideradas como tales más por el movimiento económico y por la densidad de población que por la calidad de esa población. La capital venezolana, en tal caso, no puede dejar de ser importante. La sobrepoblación, si bien es un flagelo socioeconómico que padecen los países con fallas graves de planificación demográfica y otras de raíz, es también fuente de renombre, reputación y algo de caché. Generalmente revertir ese tipo de problemáticas cuesta más que construir algunas soluciones temporales, por esta razón desde los años ochenta se comenzó a idear, en Caracas, un medio de transporte público que fuese lo suficientemente rápido e incluyente como para subsanar los inconvenientes de congestionamiento que se empezaba a revelar en las calles y autopistas de una de las más “importantes” metrópolis del trópico. Construir el Metro de Caracas fue una de las más grandes empresas de la historia venezolana, toda una maravilla de la ingeniería, pero nadie imaginaba lo que traería consigo, nadie suponía que aquellos vagones, aquellos rieles, aquellas estaciones marcaran, de forma axiomática, la cultura venezolana o, dicho de otro modo, una subcultura subterránea y de corta duración. Mucho es lo que se ha dicho acerca del don divino que tiene el Metro para hacer cambiar las conductas de las personas, reiterarlo sería hacerse eco de un dogma, comprobarlo o al menos intentarlo y darse cuenta de que es algo parecido pero no es eso exactamente, sería algo un poco más útil. No todos los caraqueños viven al lado de una estación. Muchos tienen que hacer algunos viajes no tan cortos para poder, finalmente, adentrarse en ese mundo maravilloso, en el que antes de que la civilización emergiera, reinaban organismos unicelulares y quizá uno que otro roedor. Sin embargo, la Compañía Metro de Caracas se ha dado la tarea de cubrir casi todo el casco urbano con su red de metrobuses, que no son más que los enormes autobuses, de casi cuarenta asientos y más de quince agarraderos para que la gente que vaya de pie pueda asirse con sus manos, que trasladan a las personas a las estaciones respectivas para que allí inicien el mágico tour subterráneo. Esta flota de autobuses, desde luego, no goza del halo mágico de las profundidades, por lo cual es común observar ciertos destellos de impuntualidad muy propios del mundo terrenal, e incluso en los penúltimos espaldares se pueden leer declaraciones de amor (“Freddy te amo. Johana”). “Cada quince minutos sale uno” miente un chofer. En muchas ocasiones, los obstinados de tanto esperar deciden pagar doscientos bolívares más y tomar otra “camionetica” a cambio de ganar tiempo para llegar más rápido a la estación más cercana y comenzar el descenso a las alturas subterráneas. Al menos, se respetan las tres reglas básicas especificadas con un lenguaje icónico e ideográfico que al traducirlo nos prohíbe beber, comer y ser animales, aunque algunos crean que se trate de llevar mascotas. Cuando el metrobús completa su circuito y llega a la estación hace unos ruidos gaseosos, abre sus puertas y les permite a los usuarios salir a transformarse. El descenso en la escalera mecánica de Plaza Venezuela es sublime. Desde el tercero se brinca hasta el primer mundo y se da la morfosis. Las primeras horas de la mañana son bastante concurridas, cientos de personas caminan en un sentido, otras en otro, nadie tiene la misma vestimenta, varios carnets guindando golpean las barrigas. La existencia de la línea amarilla en el andén es la que separa el paraíso de lo infernal, todo el mundo la respeta, se aglutinan detrás de ella, la masa crece, sigue creciendo, se ve la luz amarillenta, se escucha un sonido espectacular como el rugido del rey de sus predios y luego, lo mejor, una brisa formidable. Franco De Vita sigue cantando, la voz interna sigue hablando pero en el momento de esa brisa nada más se escucha, nada más hace falta. Actualmente el Metro de Caracas está compuesto por tres líneas, una que va de Propatria a Palo Verde en sentido oeste-este, las otras dos nacen de la línea uno; la segunda que se desprende de Capitolio a través de un corredor llamado “transferencia” donde empata con la estación de El Silencio hasta Las Adjuntas o hasta la estación Zoológico, y la tercera que va desde Plaza Venezuela hasta El Valle. Los trenes de la primera línea tienen siete vagones con unos sesenta asientos y cerca de cuarenta agarraderos, es decir, tienen una capacidad mayor de las setecientas personas, considerando que el que no se aferra a los agarraderos lo hace a los tubos. Los trenes de la segunda y tercera línea, por su parte, tienen seis vagones de igual capacidad, o sea, seiscientas cómodas personas por tren. Son monstruos grises decorados con las genuinas franjas de sus distintivos colores corporativos: anaranjado, amarillo, verde y azul. A las ocho de la mañana hay mucha gente, no obstante el aire acondicionado es mucho más que efectivo. Un buen porcentaje de las aproximadamente ochenta personas del tranvía van leyendo, bien sea libros, leyes o periódicos, porcentaje que incluye no sólo a los portadores de los textos, sino a los más leales curiosos, corroborando así el carácter eminentemente mediático de los venezolanos. La oscuridad de los túneles y el arte cinético que hace ver al concreto como un inquieto dibujo conforman el paisaje visible a través de las ventanas entre una estación y otra. “Y cuando él pasa todo se transforma” comienza a cantar un niño casi gritando, “que las puertas del cielo sean abiertas”, parece un cántico religioso, “oh gloria a Dios, oh Aleluya”, es un cántico religioso. En ocasiones, un niño toca las maracas y otro entona alguna pieza de música autóctona. La estación de Capitolio, por estar ubicada en el centro histórico de la ciudad, es una de las más visitadas por los metroadictos. La gente que se baja allí a esa hora prácticamente vacía el tren. Para hacer la lamentable salida al mundo real hay que comenzar por subir unas primeras escaleras mecánicas. Incontables manos se apoyan en la baranda negra deslizable. En el piso superior al del andén, sale escupida, de un gran marco, una estampida, muchas personas apuradas: es la transferencia, la que conduce a la línea dos del Metro. Tiene dos canales separados por unos pequeños postes amarillos encadenados entre sí. Como es lógico hay más gente llegando a la línea uno, pero no es nada despreciable la cantidad de hombres, mujeres y niños que transitan en sentido contrario. La música ahora es la de una acompasada melodía de guitarra, perfecta para la relajación mental y corporal, pero no surte ningún efecto, en vista de lo cual, la voz interna interrumpe recordándole a los “estimados usuarios” que estén atentos de sus pertenencias. Aquella advertencia sirvió de interludio para luego ofrecer el alegre sonido del arpa llanera. La gente va pensando y caminando rápido. Círculos y espirales de un lado, triángulos del otro, todos forman parte la obra de arte “Ambientación subterránea” que Leonor Arraiz realizó en 1988. Luego de la decoración artística el recorrido se torna tecnológico, seis televisores pantalla plana de cada lado, con funciones de educación y entretenimiento y varios relojes digitales negros con los números en rojo incandescente concentran un poco la atención de los apresurados caminantes. En las trasmisiones audiovisuales se pueden observar chistes, tips ecológicos, una sección de cosas sorprendentes llamada “¿Qué tal?”. Los chistes se caracterizan por no ser muy buenos ni profundos. “Un español le dice a un chino: ¡Hola! El chino le contesta: Las 12:30.” A lo largo del recorrido, de más de cinco minutos y más de cien metros, se pueden encontrar extinguidores tras el vidrio y algunas papeleras. Al llegar a El Silencio, casi siempre sin usar las papeleras ni los extinguidores, se visualiza una escultura de madera de difícil traducción. Parece un barco, pero es más plausible que se trate de una réplica de una estructura ferroviaria o algo de ese estilo. De cualquier manera, llama la atención su forma y su monumentalidad. Una plaquita dorada casi invisible dice “M C.A. Metro de Caracas. Homenaje al obrero. Max Pedemonte. 1988”. Más chistoso que el propio chiste del monitor es ver a un joven desafinado cantando con su walkman y los ojos cerrados un tema inédito y arrítmico, y al mismo tiempo ver cómo lo observa una señora que viene bajando las escaleras mecánicas y cómo se burla de la locura con un gesto pícaro, haciéndose círculos imaginarios en la oreja con el dedo índice. La estación de El Silencio ha fungido, a lo largo de varios años, como una especie de galería de arte. Actualmente se puede disfrutar de las más de treinta acuarelas de la pintora Consuelo Moros. La colección le hace un homenaje a la naturaleza y a la música, es decir, a la vida misma. “La acuarela es la música de la pintura”. Pero para encontrarse con otra escultura, hace falta subir las escaleras mecánicas. Se trata de una moderna representación en metal, llamada, según la inscripción en la placa, “Puntas de Plata”, hecha por Vladimir Politano en 1990. El camino de la transferencia desde El Silencio hasta Capitolio es en subida, pero ello no exime a algunos de percatarse de los televisores, de los radios, de los espirales, sin embargo hay muchos que sólo piensan en su premura. Un bombero, un deportista, un enflusado, un hombre carga el monitor de una computadora. Algunos amigos que tienen tiempo sin verse se encuentran, se alegran y se despiden. Un admirable invidente hace el recorrido tanteando con un bastón, mientras que siete niños vestidos con uniforme de educación física desfilan cual comparsa. También hay gente que no domina muy bien al Metro, hay gente que se pierde, que desconoce, pero no es descabellado asentir que aún así lo disfrutan. Continuar la ruta en dirección Propatria es una gran aventura. Los mensajes publicitarios que hay en el vagón pueden despertar la inquietud de algunos, pero nunca como la gratificante experiencia de llegar a la estación Caño Amarillo. Es fantástico sentir que el tren sale del túnel y se enfrenta al mundo real, sin dejar de preservar la integridad de sus tripulantes. Se ven muchas casitas de ladrillo con DIRECTV, un ambulatorio azul, los inmensos bloques del “23 de enero”, toda una realidad, pero sin posibilidades de contaminar el interior de los vagones. El metro en la superficie parece una enorme cápsula llena de progreso, normas, buen comportamiento y negada abiertamente al retraso y a la barbarie. “Simplemente porque no era necesario excavar, bastaba sólo con poner los rieles, estamos a nivel de la calle”, contestó frente a una exposición de Amanda Sequera, con profundo orgullo, un empleado ante la pregunta de por qué es una estación “aérea”. De esta particularidad gozan también las estaciones de Propatria, Agua Salud y más notoriamente las últimas estaciones de la línea dos, tales como Mamera, Caricuao y Zoológico. Sólo se sabe que no es por falta de gasolina, pero a veces el tren se detiene entre una estación y otra, provocando un conato de pánico. Por más que sea hay miedo a quedarse en lo irreal para siempre. Pero nunca dura mucho esa situación. La estación de Propatria tiene dos salidas, a las cuales se llega por una de las cuatro escaleras que componen una especie de Cruz Griega de la arquitectura bizantina, pero a las nueve de la mañana no hay demasiada gente. A esa hora es mayor la afluencia en sentido contrario, es decir, oeste-este, ruta que hay que tomar para retornar a Capitolio, hacer la transferencia descrita y dirigir el camino hacia la línea dos, la cual al llegar a la estación Mamera, se bifurca para satisfacer tanto a los que van a Las Adjuntas y zonas circunvecinas como a los que llevan por destino los lugares aledaños al conocido parque zoológico de Caricuao. Algunos hombres van de pie en el vagón, pero generalmente las mujeres no, a no ser que ellas lo deseen así. El tabloide Últimas Noticias es leído con frecuencia: “El Papa recibió la extremaunción”, dice un titular que es visto por todo el vagón. Se puede asegurar que los periódicos cumplen más su función masiva dentro del Metro, todo el mundo lo lee de manera gratuitamente. Los niños se recuestan sobre los pechos de las madres para jugar; algunos viejos reclinan sus cabezas para meditar o descansar de lo que sucede en la superficie; No falta la camisa de la “Vinotinto” con el número dieciocho del lesionado Arango; otros tienen los ojos cerrados, el venezolano se cansa del trabajo, pero nunca de andar en metro. El camino es sereno. La Paz debe llamarse así por lo pacífica que resulta en la mitad de la mañana. En Carapita se cuela el sol, pero un poco antes de llegar a Antímano, territorio de Oscar D´León y de la UCAB, se deja ver la autopista a través de unas rejas. En Mamera sí entra el sol completo y ningún carro compite con el tren en la fluida autopista. El paisaje se vuelve magnífico, una recia y absolutamente verde montaña lo decora y sirve de fondo para las prematuras madres y sus pequeños tremendos. La montaña ahora se ve con casitas con DIRECTV parecidas a las anteriores, mientras que del otro lado se erigen pequeños y medianos edificios, y cuando crecen es porque el tren se acerca a Caricuao, luego vuelve el túnel y se llega a Zoológico. En esa estación para salir del Metro hay que bajar en lugar de subir, por eso es aérea. Desde arriba se pueden contemplar los tolditos y las tienditas que forman la exquisita formalidad de la economía informal, se escucha Arjona, “¿por qué es tan cruel el amor”, se mezcla para luego ser opacado por ABBA y “Chiquitita”, los suecos le ganan al guatemalteco mientras un tipo pasea a un perro San Bernardo, o viceversa. Para ir a Las Adjuntas es necesario bajarse en Mamera y luego ir en esa dirección, pero a esa hora casi hay más puestos vacíos que ocupados, por lo que el aire se siente más frío de lo que es. El aire acondicionado se mete en los huesos y congela la sangre y el maquillaje de una joven que entra insípida y se transforma importantemente, coqueteándole a la vida. Se puede observar una mujer que habla con su celular y con todo el mundo a la vez de unas firmas y una “cooperativa”. Tampoco puede faltar el atlético y absorto lector de Meridiano, pero una de las cosas más divertidas es ver pasar al tren por el canal contrario, casi en las narices. Es emocionante ver el movimiento veloz de las franjas de colores por la ventana, casi como un espejo. No tan emocionante como fácil y estadísticamente muy probable, es pegar la cabeza con algún agarradero al intentar levantarse del puesto. Bajarse en Mamera implica tener que escuchar el ruido de los carros y el grito desaforado de una ambulancia, tal vez abriendo paso para no hacer cola. Desde Mamera hasta Las Adjuntas el viaje es muy corto, sólo se pasa por Ruiz Pineda, y aunque es totalmente aéreo, lleno de montaña y viviendas improvisadas, conserva la magia intacta de lo subterráneo. La estación de Las Adjuntas es verdaderamente especial, muy particular por tener unas escaleras rústicas de metal pintado de azul, adornado con unas rejillas del mismo color, que hacen desterrar de la mente a las escaleras mecánicas. Cualquier venezolano se siente caraqueño y una de las mejores sensaciones que se pueden experimentar allí es la de poder estar muy lejos de casa sin darse cuenta, o al menos sin que eso se traduzca en algún inconveniente. Es posible que lo único que haga sentir al usuario dentro del sistema Metro, y no dentro del mejor escenario para rodar una fascinante película de acción, sea el mismo piso -como de goma- de círculos negros que hay en todas las estaciones, y la inviolable raya amarilla, tantas veces divisoria de la vida y la muerte. Cuando la voz interna dice que “deben mantenerse alejados de la raya amarilla”, el que haya osado en transgredir esa ley máxima, tendrá que someterse a la vergonzosa acción de retirar el zapato culpable. Una vez dentro del vagón, pueden verse tres bomberos, dos muchachas con idénticas cintas rasta fari en el frente, otra chica que le mete saldo al celular y un viejito con un gorrita cómica que aunque luzca desorientado seguramente no lo está. Llegar a las once de la mañana a El Silencio y querer caminar lento son deseos contrapuestos y dicotómicos. La transferencia parece ser más estrecha, la circulación es de trote. La gente avanza apurada, no repara en detalles, no mira las acuarelas, no reparan en las esculturas. Un soldado trota con su boleto amarillo en la mano como si estuviera en el entrenamiento del pelotón. La música instrumental no hace mermar las ansias de llegar adonde se quiere. Es una competencia, más que una procesión. Dos maestras arrean a diez niños con franela blanca y pantalones y gorras azules, mientras las muchachas lindas hacen un desfile apresurado de sus cuerpos. Los hombres casi ni en eso se fijan. Las viejitas también se olvidan de los años, todo el mundo trota. La voz que anuncia el mantenimiento de unas escaleras mecánicas da paso para que el maestro Simón Díaz entone el tango de Gardel “Por una cabeza” y sirva de inspiración al apasionado beso de una pareja que espera en el andén el metro en dirección a Palo Verde. Una vez que llega, van los empujones en esa dirección, el aire acondicionado que antes congelaba la sangre es vencido por el aglutinamiento y el sudor caliente. A través de una ventanilla se puede ver que el otro vagón también está repleto, tanto que algunos no pueden agarrarse ni de los tubos, sino depender de los demás y, sobre todo, de la inercia, del peso, de la aceleración, de la gravedad y de cuanta ley física exista para no caerse. Dos hombres escuchan música con los mismos audífonos y con los mismos ojos cerrados, sin ceder el puesto. A veces los caballeros parecen estar en extinción. La gente se toca sin querer, y a veces queriendo; hombres y mujeres disfrutan mirándose a sí mismos en la ventana y a los demás con entrometida atención. Quienes no son amantes de la multitud se deleitan al ver cómo los vagones se descargan en Plaza Venezuela y en Chacaíto, disminuyendo la cantidad de personas paradas. La tranquilidad relativa hace más calmado el viaje hacia Palo Verde y hace que finalmente dos amigas, por ejemplo, puedan conversar sobre un trabajo de tesis, mientras que un joven se sienta en el asiento preferencial para mujeres embarazadas, gente mayor o personas discapacitadas. En la estación de Petare también entra el sol. “Unidad Educativa Alberto Ravell”, se lee en una insignia, y empiezan a verse las franelas rojas, blancas, azules y beiges que indican el arribo a la mitad del día. La cola detrás de la raya amarilla es gruesa, vendedores de flores, gente con cavas, maletines, bolsos, carpetas, un hombre de lentes con tapaboca. Es una sana pugna por entrar, en medio de la cual una viejita se colea sin embarazo alguno. Por otro lado, el notable movimiento de gente y el calor meridional le concede a Chacaíto la virtud de ser una de las estaciones más concurridas del este de Caracas. Las madres cargando los bolsos escolares. La gente que cierra los ojos además de estar cansada, parece hacerlo para no ceder el puesto. Mucha gente de pie, los cuerpos desconocidos se tocan, se rozan, caricias y golpes involuntarios. Los novios pasitrotan al mismo tiempo que un sujeto con el chaleco forrado de billetes de lotería y con una gorra que dice “KINO”. A cada instante se baja el gentío, desde fuera el metro parece un útero infinito, una fábrica de gente, la industrialización humana. Los torniquetes lucen cansados de tanto dar sus monótonos giros. Caracas nada en tickets amarillos. Es difícil percibir individuos y no masas, sin embargo se distinguen los enflusados, los jóvenes que están terminando el bachillerato y una mujer con su pequeño preescolar tomado de la mano y la bolsa de pan en la otra, llevándolos a ambos a casa. Parece que no cabe un alma en los vagones a las doce y media. Los cuerpos se funden sin amor. “Tiene hambre el operador ese” murmura un usuario riendo luego de escuchar el escuálido anuncio “estación Plaza Venezuela…”. Justamente allí hay que bajarse para ir a la línea tres. La voz interna de la estación manda a circular por la derecha. Cuando se bajan dos niveles se llega al andén en el cual se toma el tren que va hacia El Valle. La mejor juventud se baja en la estación Ciudad Universitaria para acudir a la “Casa que Vence las Sombras” y esforzarse por serle útil a la Patria. En Los Símbolos se queda una muchacha con su violoncello. “Gracias mi amor” dijo un loquito al oír la voz sexy de la operadora diciendo “Buenas tardes, estimados usuarios, estación La Bandera”, donde se bajan los viajeros que necesitan ir al terminal de pasajeros. Con los que deambulan por la estación de El Valle se puede ir a la guerra, abundan los uniformados, seis de la Marina, uno de la Guardia Nacional, dos del Ejército y uno de la Aviación es un buen signo de todo lo que se puede ver en una mañana en el Metro de Caracas. Pero la escena más hermosa puede ser la de una joven, bella y alegre madre jugando con sus dos preciosos hijos, dando palmadas y cantando canciones infantiles que van desde “la gallina ética pelética”, hasta “mesú mesú”, pasando por una canción que versa sobre el raro romance entre John Travolta y la Mujer Maravilla. “Cómo llora una estrella”, es una pieza instituida como el himno sentimental del Estado Lara, compuesta en mandolina por el Maestro Carrillo, y es lo que suena en El Valle cerca de la una postmeridiem, y hace retumbar un corazón larense en la capital, aflorando el más noble orgullo de ser y sentirse venezolano. Son muchas las cosas que el sentido periodístico puede atrapar en toda una mañana en el Metro de una ciudad como la caraqueña. Es increíble y diverso todo lo que se pude vivir en ese sistema de transporte urbano tan peculiar, todo lo que se puede oír, ver y tocar. Es impactante la variedad sociocultural que pueden tener los habitantes de una misma ciudad, inclusive de un mismo sector. Es sorprendente cómo un mismo espacio puede reunir al arte y a la ciencia de una manera tan armoniosa. El funcionamiento de este rápido y eficaz medio de transporte es sencillamente casi perfecto. El hecho de transportar a casi un millón de venezolanos diarios es una labor más que admirable. Sin embargo, lo más curioso tiene que ver con la actitud que toma el venezolano en el Metro, ese respeto por las normas y ese instinto de preservación del propio medio que tanto escasea en la calle. Esa conducta atípica sienta las bases para creer que esa Venezuela subterránea es la que realmente queremos, la del arte, la ciencia, la cultura, el respeto, la sana competencia, la fraterna compenetración pacífica, la caballerosidad de ceder un puesto y hasta la de la democracia que da la opción de decidir a quién dárselo. La del metro es esa sociedad llena de espacios para el diálogo, para la convivencia, esa llena de pueblo venezolano, esa que nos gusta. Es la metrópoli verdadera, no la caótica, sino la griega, la platónica, una sucursal del empíreo en el propio subsuelo. Pero por encima de eso, por encima de todo patrón de conducta, de toda República platónica, por encima de la sociología y de la psicología está lo más aleccionador, la razón más poderosa para estar seguros de que, efectivamente, esa es la Patria que queremos: En el Metro, aunque sea muy apretados, sí cabemos todos los venezolanos, sin discriminación, todos. |
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